Aniversario, el primero y ya con tanto por celebrar

Hoy se cumple un año, un año de nuestra hija, un año de lactancia, un año de nosotros como papás y como pareja con bebé, un año de un descanso en mi vida profesional para dedicar tiempo a mi familia, un año en el que cumplí mis primeros treinta, un año de estar lejos de familia y amigos, lejos de nuestra comida tradicional y de nuestro idioma materno, un año de vivir en otro país que aunque nos ha brindado experiencias maravillosas, sigue siendo ajeno.

Y aunque se acerca el día de encontrar un espacio para reincorporarnos a nuestro lugar, este día no he podido mas que reflexionar sobre este tiempo. Sin duda ha sido una experiencia de vida muy enriquecedora y de vasto aprendizaje, difícil y abrumadora a la vez. En este año he aprendido mucho y recordado otro poco.

He aprendido que convertirse en padres es todo un reto. Reto individual intentando descubrir ese nuevo rol y tratando de entender y discernir quién es esa persona diferente que se refleja en el espejo después del nacimiento de un hijo; porque no es nada fácil (quien diga lo contrario, miente o peor aún, no es consciente del cambio), es un compromiso con nosotros mismos; un compromiso que implica re-conocernos y aceptarnos de nuevo.

He aprendido a convivir con una bebé que de principio era desconocida. Que los bebés ya nacen siendo alguien, cada uno es diferente, con una personalidad que irá mostrando y se irá enriqueciendo y como cualquier adulto tendrán características que nos gusten o no, y que nada tiene que ver el amor que les profesamos porque no está condicionado a ellas.

He aprendido que ser mamá primeriza (como nos auto-nombramos y nos suelen llamar), no significa estar haciéndolo mal, ni tiene porque demeritar el esfuerzo, que no es necesario encontrar la aprobación o reconocimiento de alguien más; porque las desveladas y la preocupación valen lo mismo con el primero y con el quinto; porque el instinto de madre nace con los hijos y crece de la mano del sentido común; porque nadie conoce mejor a mi bebé que yo.

He aprendido que ser padres además es un reto también como pareja, porque no importa si se habla mucho o poco de los hijos antes de tenerlos o de la idea de educarlos; no es posible siquiera afirmar nuestra reacción ante una situación dada; eso sólo puede saberse cuando se esta viviendo, así como todo lo demás. Que todos somos los perfectos padres de los hijos ajenos, aunque no tengamos propios. Que el apoyo tiene muchas formas de ser incluso más útiles que un consejo; porque los consejos a veces se dan, olvidando nuestras propias acciones. Que como todo proceso personal y este además en equipo, nos ha llevado tiempo entender lo que va pasando, acoplarnos a las modificaciones y al mismo tiempo ir disfrutando “sobre la marcha” de todas nuestras imperfecciones.

He aprendido que parte de lo maravilloso de los hijos es que nos ponen en jaque, nos llevan al límite, nos confrontan con nosotros mismos, con nuestras propias ideas, miedos, inseguridades, fantasías, deseos y pasiones, nos sacuden la monotonía, la costumbre, la desidia, nos agitan, nos motivan, nos mueven, nos hacen re-cordar lo que, por vivir apurados habíamos olvidado, lo importante de las pequeñas cosas, la maravilla de los detalles, nos re-despiertan la capacidad de asombro, nos re-direccionan y entonces nos hacen cambiar y tan sólo si se los permitimos, nos hacen mejores personas.

He aprendido que vivimos muy rápido, que el frenesí nos envuelve y muchas veces hace que empecemos a ser parte del problema y del estatismo y no de la solución ni del cambio, que es fácil perder el sentido de lo que verdaderamente importa, de lo que de verdad nos gusta. En nuestra prisa nos olvidamos de nuestras pasiones –si bien nos va, dejamos unas por otras–, olvidamos eso que nos hace vibrar.

He aprendido que lo académico no es lo más importante,  aunque amo y disfruto profundamente mi profesión y deseo retomarla, no es lo único que quiero en mi vida ni lo que más pesa en ella y no quiero dejar de lado todas esas otras cosas con las que también me siento plena.

He aprendido que no hay nada como sentir el viento en la cara y la grava en los pies, mientras doy una larga caminata con mis perros y mi bebé, que el estado del tiempo no es razón para que no me divierta, que igual de disfrutable es un día soleado que uno lluvioso que uno nevado, solo es necesario escoger la ropa y la actitud adecuadas para ello.

He aprendido que los primeros obstáculos de nuestras metas, están en nuestra mente. Que aplazar lo que queremos y aquello que vibra en nuestro corazón es el reflejo del miedo a reconocerlo, enfrentarlo y lucharlo. Que muchas veces ni siquiera nos permitimos pasar de la idea de emprender algo cuando ya lo condenamos al fracaso ¿Y qué es aquello que se logra, sin intentar siquiera?

He aprendido que –como bien dice una gran amiga– de nada le sirven a esta sociedad personas grises, mediocres, que vayan con la corriente, que sean una más, conformistas, tibias, con aquel miedo que paraliza, con la inseguridad que deja atrás; porque esta sociedad decadente necesita personas valientes que no teman enfrentar sus sueños, que se atrevan a ser los mejores en lo que hacen, que confíen en ellos mismos, que prediquen con el ejemplo, que ayuden al de al lado y que compartan su conocimiento, que se permitan brillar y que contagien de ese brillo a los que a su alrededor se encuentran. Que mantener un bajo perfil no es sinónimo de humildad ni modestia y tampoco hacer lo mejor que podemos es sinónimo de despotismo o prepotencia.

He aprendido que sólo tengo hoy para hacer lo que me gusta, para ser mejor que ayer, para estar con los que amo y que así lo sepan, para brindar consuelo o escucha, para recibir una caricia o un beso, para apapachar a mi hija, para pasear a mis perros; para forjar el recuerdo que de mi quedará, porque eso es lo único que dejaré a mi partida.

He aprendido que el Internet es una maravillosa herramienta con más información disponible de la que uno puede digerir pero que hay que ser selectivo, inteligente y cauteloso de lo que leemos, creemos y compartimos porque puede resultar en mera desinformación.

He aprendido que nuestra sociedad está plagada de etiquetas y ninguna nos define aunque así lo intenten. Nos enseñan que tenemos opciones limitadas para escoger lo que queremos ser y hacer y creemos que nuestras habilidades o torpezas son estáticas, como si el bueno del salón siempre fuera a serlo o si el torpe bailando nunca pudiera aprender y entonces nos conducimos con esa idea aferrándola a nuestro ser y efectivamente nos creemos los mejores –sin hacer nada– o nunca aprendemos a bailar. Pero no es así, en realidad se pueden hacer y ser tantas cosas como uno quiera en una misma vida porque los gustos, hobbies, deseos y sueños, afortunadamente, no son excluyentes entre si.

He aprendido que no necesitamos hablar para expresar, que hay que ser consientes de lo que sentimos y pensamos porque lo actuamos, sea positivo o negativo; y no hay mejor enseñanza que el ejemplo. Que la negatividad se contagia y la positividad también. Que los momentos de introspección son fundamentales de vez en vez para conocerme, para darme cuenta, para estar en comunión conmigo misma, para detenerme, pensar, escuchar, sentir, respirar, modificar de ser necesario y continuar.

He aprendido que ser niño ahora es muy difícil (no sé si antes lo era, supongo que mis padres pensaron lo mismo y mis abuelos con mis padres y así sucesivamente). Tener que cumplir todas las expectativas de los adultos, con la frustración de una serie de dobles y confusos mensajes, en donde esperamos de ellos lo que no les enseñamos y luego nos decepcionamos. ¡Qué difícil ser niño!

He aprendido que no sólo la leche se mama, sino también la educación y nos han enseñado que una acción nos define y así intentamos definir a nuestros hijos, los encasillamos, cortamos su versatilidad nata. Les mostramos que hacer bien las cosas implica un premio, de lo contrario un castigo y después queremos que escojan el camino adecuado únicamente por convicción. Nos olvidamos o ni siquiera nos interesa entenderlos, darles su tiempo y respetar sus procesos. Nos preocupamos porque coman de todo pero empezamos dándoles una papilla que incluye siete alimentos diferentes que ni siquiera nosotros seríamos capaces de identificar, ya conociéndolos. Les damos una interminable lista de “nos” –la mayoría absurdos– y les enseñamos que sus sentimientos, pensamientos y deseos ocupan siempre un segundo lugar y después esperamos que sepan lo que quieren y que escuchen a su cuerpo. Les enseñamos a obedecer sin objetar y a temer a equivocarse y después les pedimos que tomen decisiones de vida –de esas que ameritan valentía– y que sean independientes.

Si se caen no los sobamos para que sean fuertes, si lloran no los abrazamos para que no sean consentidos y dependientes, si hacen un berrinche no los contenemos sino los ignoramos, pero después esperamos que sean adultos empáticos.
Nos apura que coman, que caminen, que duerman toda la noche, que avisen, que lean, que escriban, pero no nos apura que jueguen, que exploren con todos sus sentidos aunque se embarren, que se rían hasta hacerse pipí; tampoco nos apura compartir más tiempo con ellos y darles toda nuestra atención en esos momentos –sin redes sociales o dispositivos digitales–. Queremos que se comporten bien en la mesa o en un viaje pero nunca los exponemos a eso “porque un pequeño no puede o no sabe” y esperamos que de grandes lo hagan y se sientan capaces, me pregunto cómo si ni siquiera lo han visto antes –por serendipia será–. Esperamos que jueguen en el patio y que no les interese la tele o la computadora pero los sentamos frente a ellas para que nos dejen tranquilos. Deseamos que nuestro hijo valore y respete a la mujer y que tenga amistades que perduren pero le decimos que por guapo tendrá a las niñas que quiera o por el nuevo juguete cuantos amigos se le antoje. Deseamos que nuestra hija esté situada en realidad y no busque un príncipe azul –de esos que no existen–, sino un hombre respetuoso y amoroso, pero nos dedicamos a condicionar lo que puede o no hacer y adecuar sus gustos de acuerdo a su género. Les pegamos y vemos películas de guerra o caricaturas pasivo-agresivas, pero nos alarmamos cuando le pegan a la hermana, insultan a la maestra o humillan al compañero de salón porque pensamos que cualquier tipo de violencia es indeseable.

La oscuridad no puede sacarnos de la oscuridad, sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede sacarnos del odio, sólo el amor puede hacerlo.

Martin Luther King

He aprendido que para lograr un cambio en mi entorno, el cambio debe iniciar en mi interior. Que siempre hay que hacer algo nuevo, algo que nos haga salir de nuestra zona de confort y de lo que conocemos para mantenernos en movimiento, algo que nos permita crear, crecer y evolucionar. Que nada vivo es estático, lo estático se mimetiza con el fondo –como pintara Remedios Varo en 1960– y la vida es devenir constante.

He aprendido que quiero conocer tantos lugares como sea posible y mantener amistades nuevas y viejas; quiero probar los más sabores que pueda y tomar una copa a la luz de las velas sin apuros; quiero entrenar para participar en carreras con causa y tomar una clase para aprender a hacer chocolate; quiero cocinar nuevas recetas y sentarme a la mesa con mi familia; quiero momentos sola y otros acompañada; quiero que mi casa siempre huela a café al despertar y que los domingos veamos películas con una mantita sobre nosotros; quiero ejercer mi profesión y estudiar otra; quiero escribir sin parar e ir más al teatro; quiero coleccionar momentos junto a los que amo. Porque si hay algo que he aprendido sobretodo, es que lo más valioso para brindarle a alguien querido, aquello que perdura en la memoria y marca el corazón, aquello irremplazable que una vez perdido no vuelve atrás, es el tiempo compartido.

La vida es lo que te sucede, mientras estás ocupado haciendo otros planes.

John Lennon

 

Amamantar es lo más natural, pero no siempre se nos da natural

¿Qué tan difícil pueden ser los primeros días con un nuevo bebé en casa? Comen cada cuatro horas, duermen todo el día y la noche. Hay únicamente tres cosas por las que lloran: hambre, sueño o pañal sucio. Para lograr amamantar, sólo hay que ser paciente y listo. Lo demás saldrá sobre la marcha.

Este era el matiz que tenía mi pensamiento mientras estaba embarazada –finalmente, después de los años de guardias en medicina, las cosas no podían ser más difíciles–. Y si lograr amamantar era cuestión de paciencia (como me habían dicho), tampoco parecía imposible; suponía entonces que eso sería suficiente, después nació Camila…

Resulta que los bebés recién nacidos amamantados NO comen cada tres horas, sino cada hora o incluso cada treinta minutos. Además, no comen rápido, pueden pasar 40 minutos en una toma. Resulta que NO sólo lloran por tres cosas, también lloran por frío, calor, incomodidad, sueño, bueno hasta por aburrimiento. Resulta que amamantar NO sólo es cosa de paciencia sino de mucho más. Lo único cierto es que todo sale sobre la marcha.

El fin de semana pasado, platicaba con un amigo que acaba de ser papá y me preguntaba cómo había sido para mí el inicio de la lactancia, qué había hecho yo para lograr superar esa primer semana, primer mes, primeros tres meses, etc. Y entonces empecé a recordar esos días en los que estaba exhausta, que no entendía cómo de todo un día sólo tenía cinco minutos para bañarme –si a caso–. Aquellos días en que las tomas eran dolorosas y no quería que llegara el momento de la siguiente y un puntito de sangre aparentemente insignificante me dolía hasta el llanto. Preguntándome todo el tiempo ¿Cómo habíamos logrado persistir como especie, si eso era lo normal? Porque al menos yo, en ese momento pensaba salir a la esquina por una lata de fórmula y dejar de sufrir… pero no lo hice y continué, después todo empezó a mejorar y finalmente lo logré.

Entonces, regresando a la plática con mi amigo, me pregunté ¿Porqué lo logré?, ¿Cómo le hice?, ¿Qué hice? Después de esta reflexión identifiqué que de no haber tenido lo que incluyo en estos cinco puntos, estas líneas no existirían.

ALOJAMIENTO CONJUNTO

Entre más rápido mamá y bebé estén juntos, mejor. Tan pronto como puedas, hagan “piel con piel” –poner a tu bebé sobre tu pecho desnudo, con una manta cubriéndolo en su espalda–, esto les permite regular su temperatura, tranquilizarse al escuchar tu corazón y tu respiración (que es lo que mejor conoce hasta el momento), percibir tu aroma e inevitablemente estimula su reflejo de búsqueda para encontrar tu pezón, acomodarse e iniciar la succión; dale tiempo, nacer es un arduo trabajo con muchos cambios que descifrar súbitamente.

Lo ideal es quedarse en el mismo cuarto para que así inicie una lactancia a libre demanda (cuando el bebé quiera). Estas primeras semanas son fundamentales para el resto de la lactancia porque durante ellas se establece el suministro de leche para el largo plazo. OJO la producción se irá adecuando a los requerimientos de tu bebé y responde al estímulo, entre más “vacías” estén las mamas, mayor producción de leche habrá; cuando se dejan llenas por mucho tiempo (como al poner horarios al bebé), la señal que recibe el cerebro es de no producir más leche –de lo contrario, estallaríamos–.

NO FÓRMULA, GRACIAS

Establecer desde el principio que será un bebé amamantado incluye ni siquiera darle un biberón en los cuneros. Los bebés al nacer lo único que necesitan es el calostro –con abundantes anticuerpos y efecto laxante– que aunque en poca cantidad, contiene los nutrientes necesarios para el bebé y gracias a este evacuan el meconio presente en su intestino.

Cada toma de fórmula equivale a menor producción de leche. Además, la técnica que necesita el lactante para mamar de la mamila es totalmente diferente a la que necesita para mamar del seno, lo cuál puede generarles confusión de pezón; esta consiste en el intento de mamar del seno con la técnica que usan en la mamila y el resultado es un agarre inadecuado con la consiguiente lesión del pezón.

El rol que tiene el bebé al succionar del seno es activo mientras que con la mamila su rol es pasivo –¿Y a quién le disgusta lo fácil?–, de aquí tantas historias que después de una toma en mamila, rechazó el pecho.

Conozco el sistema de salud y sé que muchas veces, antes de ser facilitador es un obstáculo pero parte fundamental es estar informados, exigir nuestros derechos y usar a nuestro favor la flexibilidad que tenga el servicio por mínima que sea, ya que no hay otra forma de generar un cambio.

APOYO Y ACOMPAÑAMIENTO

Los primeros días implican muchos cambios. Recuerdo que al verme al espejo no me reconocía, era un yo completamente diferente con un “cocktail” de hormonas que me hacían tener todos los sentimientos que pudiera enlistar, de una sola vez. El primer apoyo y acompañamiento sin duda alguna fue mi esposo quien básicamente se encargó de todo lo necesario para que yo pudiera dedicar el tiempo 100% a Camila (aunque ahora que lo escribo, no sé si se puede dedicar menos del 100% a un recién nacido).

Hay una parte fundamental que es el apoyo de personal capacitado que brinde la información adecuada, afortunadamente conté con el y definitivamente hizo la diferencia en nuestras vidas. Hay muchas opciones a las que te puedes acercar, probablemente la diferencia depende de la formación que tengan sus integrantes.

La liga de la Leche, es una organización de madres voluntarias con la experiencia de haber amamantado que pasan por un proceso de aprendizaje de temas básicos que atañen a la lactancia y sus problemas más frecuentes. Hay grupos de apoyo en varias ciudades, en su página puedes encontrar la más cercana a ti.

Luperca, Centro de Maternidad, ubicado en la ciudad de México, en donde se encuentran asesoras de lactancia certificadas, que de igual manera difunden información confiable y están capacitadas para aconsejar y manejar problemas frecuentes. Pueden valorar la situación por la que estés pasando y darle solución.

En ambos casos, si algo saliera de sus manos, tendrás la certeza que son personas profesionales que así te lo harán saber y te canalizarán con una consultora acreditada de lactancia materna (IBCLC por sus siglas en inglés International Board Certified Lactation Consultant) cuyo conocimiento es más amplio, profundo y detallado. Hay varias en el país y puedes informarte en la página.

PIDE Y ACEPTA AYUDA

Definitivamente los primeros días son para mamá-bebé, para conocerse, para sentirse, para continuar esa relación que ha cambiado abruptamente para ambos –porque ahora están separados y aunque él aun no lo sabe, tú si–. Aún así sabemos que todo el mundo quiere conocer y cargar al recién nacido y aunque a veces puede parecernos inoportuno, este es el mejor momento de aceptar y encaminar esa ayuda de la forma en que lo necesites; puede ser con comida caliente o la limpieza de alguna parte de la casa o jugar con tu hijo mayor, todas son magníficas opciones para que sea un pendiente menos en tu mente y te entregues completamente a lo que la ocupa en ese momento, tu bebé.

Un recién nacido en casa es una realidad maravillosa pero abrumadora, así que mientras tengas un par de manos extras aprovecha para tomar un baño caliente y sin prisas, o ese café que no has podido disfrutar sin la interrupción de un llanto.

NO TE OLVIDES DE TI

Si hay algo fundamental en la maternidad es no olvidarnos de nosotras mismas, suena absurdo e imposible pero si no ponemos atención, pasa. Debes recordar que para poder brindar a tu bebé lo que necesita, primero debes de sentirte y estar bien tú.

El primer año del bebé y sobre todo estas primeras semanas y meses, son un momento de absoluta comunión entre ambos. Él sigue siendo parte de ti, por eso la comunicación está dada básicamente por el contacto que le brindas en esta etapa –de fusión emocional–, de esta manera eres capaz de modificar su estado de ánimo, y no sólo le transmites emociones positivas como tranquilidad, seguridad y confort sino también negativas como estrés, desesperación y angustia.

Escucha a tu cuerpo y obedece sus señales, permítele sanar y recuperarse. Acabas de tener un bebé –es un gran trabajo– mereces ser paciente con tu cuerpo, no exigirte de más e ir al paso que te marque, sin forzarte.

Mantente hidratada y con una alimentación balanceada, que no falte un vaso con agua a tu lado y comida a la mano (porque amamantar, vaya que da hambre). Si estás tomando medicamentos para el dolor, no olvides hacerlo en el horario correspondiente. Usa ropa cómoda, ya habrá tiempo para regresar a la de antes, este no es el momento.

Al recapitular mi lista, me di cuenta que faltaba un elemento, eso dentro de mi que me hizo perseverar y mantuvo mi determinación; porque nada de lo que pueda hacer el mundo externo suple al interno. Antes, durante y después de todo, necesitas:

CONFIANZA. En tí misma, en que millones de años de evolución no están errados. En que las glándulas mamarias están diseñadas anatómica y fisiológicamente para amamantar –y de ahí el nombre mamíferos–.

En tu bebé que está diseñado para hacerlo, es el trabajo que tiene codificado en su genoma para asegurar la supervivencia de la especie. Con esta convicción, no habrá nada mas que alcanzar tu meta; sin embargo como todo lo que logramos en nuestro desarrollo (sentarnos, dormir, comer, caminar, hablar, avisar, etc) necesita práctica, además en este caso, se trata de un equipo –dos personas diferentes que tendrán que practicar a la par–. Ten paciencia, recuerda que la práctica hace al maestro.

Si es tu deseo, agota todas las posibilidades para lograrlo y recuerda que sólo están solos aquellos que así lo quieren. Finalmente te comparto estas respuestas, ahora que soy mamá, a algunas de mis preguntas antes de serlo. ¿Es difícil? Muy, ¿Es cansado? Por supuesto, ¿Voy a poder? Si, ¿Necesitaré ayuda? Siempre, ¿Te arrepientes? Nada, ¿Es disfrutable? Totalmente, ¿Vale la pena? Sin duda, ¿Un día termina? Seguro.

 

Hago lo mejor que sé, de la mejor manera que soy capaz y pretendo continuar haciéndolo así hasta el final.

Abraham Lincoln

 

Leche materna, oro líquido… ¿Será?

Te has preguntado… ¿Qué sucede últimamente que han surgido grupos presenciales y virtuales de apoyo a la lactancia materna?, ¿Soy yo o se le dio difusión a la semana internacional de lactancia –esa en donde muchas mamás se reunieron a dar pecho?–, ¿Es una nueva moda eso de que las mamás que dan pecho se saquen fotos –las famosas Breastfies– como una forma de contribuir a que amamantar en público sea normal o bien visto?, ¿Qué es eso de promover que para poder dar fórmula se necesite receta médica?, ¿Cómo pueden hacer tal atrocidad –si los bebés la necesitan?–, ¿Sólo por un grupo de hippies, obstinadas en dar pecho, que se hacen llamar lactivistas?, ¿De cuándo a acá, se evalúa el éxito o fracaso de una mamá por dar fórmula o leche materna?, ¿Porqué abogan tanto para que en los lugares de trabajo haya un espacio para poderse extraer leche de forma cómoda y limpia (lactarios), siendo que en todos lados hay baños?… y tantas otras.

Antes de contestar estas preguntas, quiero mostrarte algunos datos.

La semana pasada, la revista The Lancet, hizo el lanzamiento global de su serie en lactancia materna, cuyos hallazgos surgen de un meta análisis publicado en esta revista. Como su nombre lo indica resulta de un extenso estudio de la literatura y aunque aún falta por entender muchos de los mecanismos por los que la leche materna es benéfica, algunos de ellos son claros, comprobados e indiscutibles. Algunos de los datos interesantes mencionados son:

Uno de cada 5 niños es amamantado hasta los 12 meses en países de primer mundo y 1 de cada 3 niños es amamantado hasta los 6 meses en países en desarrollo.

Incrementar la cantidad de niños amamantados puede evitar la muerte de 820 000 niños menores de cinco años. De estos, el 87% serían menores de 6 meses. Prevendría el 88% de muertes en niños menores de 3 meses relacionada a infecciones, la mitad de todos los casos de diarrea (54%) y un tercio de las enfermedades respiratorias (32%). Las admisiones hospitalarias por diarrea disminuirían en 72% y por infecciones respiratorias en 57%.

Se identificó que amamantar protege contra otitis media aguda en menores de 2 años, diabetes tipo 2 y obesidad.

Ser amamantado en la primera hora de vida es un predictor independiente de supervivencia y también de una lactancia exitosa.

Mediante un complejo mecanismo inmunitario, las bacterias del microbioma materno que se encuentran en el intestino de la madre, se encuentran también en el del recién nacido amamantado, lo que lo protege de infecciones intestinales.

La leche materna contiene grandes cantidades de lactoferrina –que tiene propiedades bactericidas– y es una de las razones que explica porqué se enferman menos los niños que son amamantados.

Los azúcares que se encuentran en la leche materna, varían en su constitución dependiendo de cada madre y esto a su vez permite la reproducción de cierto tipo de bacterio-especies. Esto significa que la leche de cada madre es diferente dependiendo del arreglo de sus cadenas de oligosacáridos.

Debido a la presencia de células madre en la leche materna, un órgano donado de una madre a su hijo, que haya sido amamantado, puede tener menor rechazo.

“Ser amamantado no te hace más inteligente, pero te permite desarrollar al máximo el potencial del que eres capaz.

El cerebro duplica su tamaño en el primer año de vida, ¿no todos quisiéramos que tuviera los nutrientes de mejor calidad en la cantidad adecuada para este proceso?”

Ruth Lawrence

También hay beneficios para la madre, por cada año que amamanta disminuye 6% su riesgo de desarrollar cáncer de mama invasor y también de ovario. Aproximadamente 20 000 muertes a causa de cáncer de mama se previenen actualmente por amamantar, al incrementar las cifras, se prevendrían 20 000 más.

 

¿Qué recomienda la OMS y UNICEF?

Lactancia materna con un plazo mínimo de dos años. Lactancia materna exclusiva los primeros seis meses de vida, a partir de los cuales puede iniciarse alimentación complementaria. El aporte principal de nutrientes esta dado por la leche materna hasta el año de edad.

Mientras tanto en México…

En la encuesta nacional de salud y nutrición 2012 (ENSANUT 2012) se reportó que el porcentaje de lactancia materna disminuyó de 22.3% en 2006 a 14.5% en 2012 en menores de seis meses, disminución que también se vio reflejada en niños de uno y dos años. Y continúa en descenso en todos los niveles socioeconómicos. Dentro de los motivos el 37.4% de madres dijo “no haber tenido leche”, el 18.7% haber enfermado y el 11.4% el bebé “no querer”.

De estos niños 93.7% fueron amamantados alguna vez en sus primeros dos años, con lo cual podemos suponer que este porcentaje corresponde a la cantidad de madres que desean amamantar pero por alguna razón, no lo logran.

¿Cuánto le cuesta al país esto? Entre 746- 2 417 millones de dólares, de este monto del 11-38% (290millones de dólares) corresponde a la compra de fórmula (Am J Clin Nutr March 2015 101:3 579-586)

Regresando a las preguntas con las que inicié este texto, ya con la información que conocemos.

Amamantar no se trata de moda ni de comodidad ni de gusto ni de creencia, tampoco estamos hablando de que el éxito como madre dependa del éxito o fracaso de la lactancia, no confundamos el enfoque. Amamantar es una medida preventiva de salud costo-efectiva para niños y madres, en cualquier país y en cualquier situación. La leche materna es inigualable e insustituible, no hay nada mejor que ella para el lactante; es su primer vacuna y está diseñada específicamente por ESA mamá para ESE bebé en ESE momento, no hay más, así lo dice la evidencia. Entonces, ¿Odiamos la fórmula y lo peor que le puede pasar a un bebé es tomarla? Por supuesto que no, la fórmula será indispensable para aquel bebé que la necesite y está de más decir que es la siguiente opción, siempre después de la leche materna.

 

Con todo este panorama tan abrumador ¿Qué podemos hacer?, ¿Por dónde empezar?

Familia: Infórmense de fuentes confíales, la vecina o incluso la abuela, no siempre lo son. Y no, no necesariamente aquello que se ha repetido por generaciones y que incluso no ha hecho daño –aparentemente– significa que es lo más sano. Apoyen a la nueva mamá, sean ustedes los primeros en confiar en su biología y fisiología y si a pesar de eso la costumbre, el miedo, el tabú, el mito, pesan mucho entonces denle el beneficio de la duda a la función natural de su cuerpo y estoy segura que la mayoría de las veces verán que 6 millones de años de evolución no están equivocados y no los van a defraudar.

Personal de salud: Aquí la tarea es doble, nos toca educarnos y educar; podemos empezar leyendo más, no es aceptable que en pleno siglo XXI –con la cantidad de información existente a la distancia de un “click”–, sigamos siendo tan ignorantes. Es tan inadmisible el pediatra que le dice a la madre que después de los seis meses “ya no tiene mas que agua”, así como la enfermera que le dice en los cuneros que su bebé no se pega –después de darle una mamila con fórmula – “porque su leche le sabe feo y no le gusta”.

Jefes y empresas: preocúpense por brindar a sus empleadas el tiempo establecido por la ley para la extracción de leche y por tener un espacio digno y cómodo para este propósito. Ya sabemos que eso se traduce en madres felices que a su vez implica empleadas eficaces y además disminuye el ausentismo laboral por la prevención de enfermedades en el lactante.

Sociedad: deja de “hacer el fuchi” y mirar feo a la madre que amamanta. Nos vivimos llenando la boca al decir que los niños son “la generación del futuro”, preocupados de cuál es el mundo que les vamos a dejar. Démonos cuenta que los niños no son el futuro, son el PRESENTE y es en medida que impactemos en ese presente que entonces será el futuro; su futuro como adultos y el nuestro como ancianos. Y la primer gran cosa que podemos hacer por ellos y que será una herencia que los acompañará toda la vida es brindarles el beneficio de amamantarlos.

Dejemos a un lado la doble moral en donde existe un bombardeo constante de desnudos y se cosifica y despersonaliza el cuerpo de hombres y mujeres con fines comerciales y una mujer amamantando es desagradable, indignante, sucia y exhibicionista.

Parte urgente de este cambio, son las políticas de permiso de maternidad e incluso paternidad. Nos queda a este respecto imitar a los países que al modificarlas han logrado incrementar su índice de lactancia –Brasil y Vietnam,– Otra tarea es regular la industria de los sustitutos de la leche materna que es una empresa multimillonaria en donde el interés, claro está, no es la salud.

 

Hay mucho por hacer, pero la mayoría está en nuestras manos y la buena noticia es que en esto al menos, el cambio se nota rápido.

 

“Si la leche materna no existiera, aquel que hoy la inventara merecería un doble premio nobel, en medicina y economía”

Keith Hanson

 

 

Maternidad: Parteaguas de vida

 

Muchas veces escuché durante mi vida académica lo que la maternidad hace a las mujeres más estrictas imaginables en el ámbito profesional –esas a las que en la prepa se les tiene miedo, en la universidad respeto, en el posgrado admiración y muchas veces al final se busca seguir sus pasos, las ablanda, las cambia, dejan de ser lo que eran–, queda apenas su sombra.

Hoy soy mamá y si he cambiado, si me siento diferente, sí soy diferente. No otra, sólo diferente.

Me he dado cuenta que va más allá de ser blanda o de sentir mayor ternura o empatía por tener un hijo. Y es precisamente hoy que una mujer, una muy parecida a esas que describí arriba, una mujer con trayectoria y logros, me dijo: “el embarazo y la maternidad son un momento de crucial sensibilidad en la mujer, en la mayoría de los casos”. Es un momento en el cual con esa sensibilidad exaltada, la mujer está dispuesta a escuchar más, a ampliar su visión y horizontes a permitirse explorar cosas diferentes a pensar diferente, incluso aunque antes no fuera así. Claro, en esa sensibilidad hay un enfrentamiento con nuestro yo más profundo que no siempre es grato ni fácil encontrar, pero siempre enriquecedor; diría Laura Gutman: “el encuentro con la propia sombra”.

Y es precisamente eso lo que me ha sucedido siendo mama, no digo que me encontré, porque afortunadamente el conocerme, aceptarme y sanarme lo había logrado antes y después de un largo proceso personal. Pero sí puedo decir que he descubierto otras características de mi misma que no conocía, otros gustos, otros intereses, otras motivaciones, otros sueños, nuevos deseos, habilidades culinarias que disfruto al máximo, todo movido por una inspiración muy profunda que no podría describir en estas líneas.

Es al identificar esta parte nueva que me emociona y me asusta no poderla integrar por completo a mi vida. Sin embargo ¿Qué somos sino seres integrales?, malabareando todas nuestras pasiones de una sola vez, compartiendo el camino con aquellos amados, mientras la vida nos alcance.

No quiero relajarme hasta el segundo

Antes solía pensar que cada quien hace lo que puede, no necesariamente lo que quiere. Hoy creo que en ciertas circunstancias sucede pero son las menos y que la gran mayoría tenemos la oportunidad de decidir lo que queremos y lo podemos hacer y es así como me di cuenta que quiero conocer la mamá que quiero y pretendo ser.

Claro que quiero ser “buena mamá” y “hacer bien las cosas”, pero lo más importante para mi, es descubrir la mamá que quiero ser.

Me he dado cuenta que quiero explorar al lado de mi hija las posibilidades que existen y decidir la que mejor nos acomode, la que nos haga más felices y nos cause mayor plenitud como familia.

Se por supuesto que tendré muchos errores y seguro cosas reprochables pero sabré que en toda ocasión di todo lo que podía tomando la decisión más acertada a mi juicio.

A ver si me explico mejor, al ser nuestra primera hija no quiero ser una cazadora de microbios y con el segundo relajarme por saber que un poco de gérmenes ayudan a su sistema inmune. No quiero mantenerla pulcra sin que toque su comida y con el segundo relajarme sabiendo que es gracias a explorar con todos sus sentidos que aprenden. No quiero apresurar sus tiempos y desear que cumpla mis expectativas inamovibles al sentarse, rodar, dormir, dejar de mamar, caminar, comer, hablar, avisar y con el segundo relajarme entendiendo que cada bebe es diferente y mientras este sano, lo hará en el momento que esté listo y las gráficas son solo un aproximado, con normalidad en cada uno de sus extremos. No quiero reprimir ni uno solo de mis besos ni abrazos ni apapachos ni estrujos ni canciones ni risas ni siestas juntas ni juegos “tontos” pensando que puede echarse a perder o tomarme la medida o hacer maña, para con el segundo relajarme y comprender que esa necesidad que siento de su contacto es recíproco y es el más natural y puro instinto de supervivencia física y emocional del ser humano y que en lo natural no cabe la maña, ni las “tomadas de medida”, ni echarse a perder; sino que es la forma de fluir que tenemos para integrarnos con el medio, el sabernos junto al otro con cada uno de nuestros sentidos, el reencontrarnos cada vez con el igual que es espejo de nuestro propio yo. No quiero quejarme cada que pide mis brazos o despierta en la noche solo por sentir mi calor ni tampoco por estar agotada de toda una tarde de brazos porque es su único confort y con el segundo relajarme habiéndome dado cuenta lo rápido que pasa el tiempo y que no siempre pedirá mis brazos ni serán siempre su único confort, y que la duración de este periodo de necesidad es mínima en comparación a su vida sin ella.

No quiero perderme el hoy y aprender de ello para relajarme con el segundo. Quiero que vivamos intensamente hoy, ahora, como es, como somos, creciendo y explorando juntos. Porque de lo contrario, que pasaría si no hay segundo?…