A ti, joven…

Tachado por una sociedad como parte de una generación insuficiente, una generación carente de todo aquello que caracterizó a las pasadas. ¿Adjetivos? –muchos– apáticos, ensimismados en las redes sociales, indiferentes a la injusticia, a la necesidad, problemáticos, egoístas, insoportables, con problemas de autoridad, etc.

Llevo tiempo pensando que a excepción de las redes sociales (que antes no existían) muy probablemente eso se ha dicho de cada generación de jóvenes. Porque es eso lo que caracteriza a su edad: la irreverencia a la autoridad, tan molesta; la des-identificación de todo lo que conocen, tan irritante; la energía intempestiva, a veces tan abrumadora; la contradicción absoluta, tan frustrante. Pero qué, sino eso, es lo que los hace, es lo que permite el dinamismo de una sociedad, porque como algún día me dijo un profesor (cuando yo tenía la edad que tu ahora) “las revoluciones están formadas por jóvenes”.

Así que sí, me encuentro profundamente conmovida, agradecida y asombrada -esta última no porque te creyera incapaz sino porque la realidad es desbordante- que tú, parte de una generación aparentemente dormida y desinteresada, seas quien llevo víveres, material y medicamentos de lado a lado durante jornadas extenuantes, con nada más que tu bici; seas quien estuvo entre escombros temiendo que el ruido de tu respiración se confundiera con señales de vida en aquellos momentos de silencio sepulcral.

Tú parte de esa generación aparentemente apática y egoísta, seas quien estuvo en cadenas humanas bajo la lluvia y el sol, con hambre, incomodidad y cansancio pasando de mano en mano cubetas de escombros; tú el de la generación aparentemente más elitista de este país, seas quien estuvo sirviendo y haciendo equipo con el de al lado sin importar la clase social ni el código postal ni las diferencias.

Y todo, todo por ayudar a alguien de quien no conoces ni el rostro pero en este momento pareciera tratarse de un familiar o un mejor amigo.

Así que gracias joven, mantente seguro de que sin ti, esta catástrofe estaría conllevando aún, más pesar.

Gracias por ahora haber sido irreverente al salir de casa y dejar a tu familia angustiada por tu bienestar, gracias por volcar tu energía hasta el agotamiento en cada una de tus acciones, gracias por utilizar las redes sociales a tu favor y el de los demás, gracias por des-identificarte de todas las críticas que devalúan tu capacidad y por creer en ti. Gracias por permitirte inundar tu corazón de valentía, amor y solidaridad, con esa intensidad propia de tu edad, esa que hace vibrar el ser y no deja opción más que hacer.

Gracias, porque de haber sido una de tantas personas desafortunadas este pasado 19/09/17, serías tú el que, con el país en tus manos, esa rebeldía a veces fastidiosa y esa perseverancia incontenible, me habría brindado la esperanza de sobrevivir, mientras pudiera.

Gracias a ti, joven!

Foto: Dra. Sara Beltrán Corona

Pero querías ser mamá ¿no?

Por alguna razón he escuchado durante el último mes sobre cómo cambia la vida de una mujer con el nacimiento de un bebé. Probablemente siempre se ha dicho y ahora he puesto más atención. Estos comentarios me han hecho reflexionar.

Se dice entonces que ser mamá cambia la vida –aparentemente en un aspecto negativo, aunque es maravilloso y eso parece compensarlo. Se dice que ser mamá es olvidarte de ti, es dejarte por alguien más –una personita altamente demandante que no espera otra cosa más que tu atención al 100% las 24 horas de los 365 días del año. Que dejas de ser dueña de tu tiempo, dejas de pasar tiempo con tu pareja, dejas de hacer lo que te gusta, dejas de ser dueña de tu vida.

Se compadece a la mamá que deja de trabajar después de haber estudiado tanto o de haberle costado tanto trabajo pero se compadece de la misma manera a aquella mamá que regresa al trabajo y no tiene el tiempo deseado para estar con su bebé. El caso es que no importa la situación en la que se encuentre, ni las decisiones tomadas, parece ser que la maternidad es un sacrificio, siempre. El típico “no se puede tener todo” o “unas cosas por otras”.

 

Claro que en esta vida hay que priorizar. Pero hay que priorizar siempre, se tenga o no un bebé. Nuestras prioridades van de acuerdo a nuestros intereses, nuestros gustos, nuestros deseos. Ser mamá me ha hecho conocer otros aspectos de mi; me he permitido fluir y me he sorprendido. Me he dado cuenta que me encuentro en la etapa más creativa, más activa, más motivada, más interesada de nuevas experiencias,más flexible, más emprendedora, con la mayor valentía de salir de mi zona de confort, de toda mi vida. No digo que una mujer necesite ser mamá para lograrlo, porque no lo creo así; lo que digo es que la maternidad es una etapa especialmente sensible que podemos aprovechar a nuestro favor. Es el momento perfecto para ser más dueñas de nuestra vida que nunca, para lucir todas las cualidades escondidas o descubiertas gracias a ella, para brillar con nuestro máximo esplendor y enseñarles a nuestros hijos que esa es la mejor forma de caminar por la vida.

Por supuesto que estoy cansada, que es pesado, que es difícil y que cuando siento no poder más, tengo que seguir dando. Pero nada en esta vida que sea espléndido, nada en esta vida en lo que quieras dar lo mejor de ti y que te haga vibrar, nada por lo que te apasiones y te motive a ser la mejor versión de ti misma, nada, es ni fácil ni se logra sin esfuerzo ni sin cansancio.

Me parece que es momento de tomar las decisiones por lo que queremos, por lo que nos mueve y nos hace felices y responsabilizarnos de ellas. Dejar de compadecernos, dejar de sufrir porque “así nos tocó”. Necesitamos dejar de vivir nuestras decisiones como un constante sacrificio porque nadie –menos nuestros hijos– se merece cargar con el peso de haber sido el motivo de nuestra renuncia o frustración.

 

Asi que si, sí quería ser mamá. No, no ha sido un sacrificio y tampoco es fácil todo el tiempo. Pero puedo decir que al ser más paciente y tolerante, mi hija me parece menos demandante; supongo que el problema en cuanto a lo “demandante” de los niños, lo tenemos los adultos. Y en vez de esperar a que crezca para “retomar nuestra vida”, hemos decidido vivirla con ella e incluirla para que sea un miembro activo de la familia –uno con voz–. Sin duda es algo que hace nuestras experiencias más enriquecedoras, más divertidas y más gratificantes; nos mantiene en movimiento y aprendizaje constante. Sí ha sido un cambio y sí amerita estar dispuesto a readaptarse; pero también nos adaptamos al trabajo nuevo donde no conocemos a nadie el primer día o al jefe que no es lo que esperábamos, o al nuevo horario de la clase de spinning o al cambio de casa o departamento o de ciudad o a la desvelada de la fiesta por la boda de la mejor amiga. Vivimos en constante cambio, la diferencia radica en cómo lo vivimos.

 

Si eres una mamá, el mejor ejemplo para tu hij@ es mostrarle que cada quién somos dueñ@s de nuestras decisiones. Y basarlas en lo que verdaderamente queremos, es el camino al éxito. Al ver y preocuparnos por nosotras, también les enseñamos lo importante que es poner atención en las propias necesidades. Así que se vale estar cansada y decirlo, ellos no sólo aprenden de nuestras sonrisas y bienestar.

Si eres una persona cercana a una mamá, no necesita que le digas: “así lo quisiste”, “te aguantas”, “querías ser mamá, ¿no?”, “yo por eso no tengo hijos”, “los hijos son sacrificio”, “primero siempre su bienestar”, “lo que necesitas son unas vacaciones lejos”. Mejor prepárale un café y juega con los niños para que lo pueda tomar caliente o limpia una parte de la casa o lava los trastes o hazte cargo por un momento mientras ella toma un baño sin prisas o una caminata relajada; seguro cualquiera de estas acciones serán de mucha ayuda.

Elige ser feliz

A ti mamá

Si los bebés son ángeles que escogen a sus padres para obtener una lección de vida… Entonces en su momento decidí escogerte para que me enseñaras tanto.
Gracias por protegerme como no lo hicieron contigo. Gracias por abrazarme, besarme, apapacharme como tanto lo añoraste para ti. Gracias por tu extraodinaria visión, que no es algo que hayas aprendido de tu madre. Gracias porque siempre llevé lunch a la escuela, desayuné por las mañanas, hiciste la tarea a mi lado y compraste la monografía a último minuto. Gracias por seguir tu sentido común a pesar de estar en contra de la opinión externa. Gracias por permitir y promover mi estrecha relación con mis abuelos paternos y mi papá a pesar de la inconformidad de otras personas. Gracias por las veces que nos llenamos la boca de chicles hasta no poder hablar. Gracias por jamás pegarme aunque eso haya sido parte de tu infancia. Gracias por preocuparte de ser diferente, de mejorar, de estar ahí.
Hoy se que los papás nos tocan y no son como esperamos o queremos sino como ellos pueden y se permiten ser. En medida que he entendido esto, te comprendo más, te acepto como eres y he dejado de esperar la reacción que desearía y empezado a escuchar la que de tu esencia surge.
Sé que ninguno sabemos como ser papá o mamá, pero si te sirve de consuelo, ninguno sabemos como ser hija o hijo; es algo que aprendemos juntos en el camino, con ensayo y error –como diría Mafalda: nos graduamos el mismo día.

En esta misión de vida destinada a aprender la una de la otra ávida y activamente, espero tus enseñanzas hayan encontrado reciprocidad en las mías.

Gracias por ser, por estar, por enseñarme lo que quiero repetir con mis hijos y lo que no, porque de eso se trata ¿cierto?

Y aunque no necesito de un día para decirte cuanto te admiro y lo que te quiero, que mejor oportunidad que hoy.

… a ti mi respeto Señora, Señora, Señora

a ti mi guerrera invencible

a ti luchadora incansable…

Denise de Kalafe 

 

Día Internacional de la mujer

Tenía varios meses rondando esta idea en mi cabeza y ahora a propósito del día internacional de la mujer y la plática entablada con una amiga respecto al mismo, decidí plasmarla en letras.

Mi amiga me decía: ” Mi celular está lleno de mensajes de felicitaciones en el día de la mujer; les doy las gracias aunque la verdad no estoy orgullosa de serlo. Ser mujer es tener que sufrir por depilarte, pasar tiempo arreglándote para siempre verte bien, tener que ser flaca y aguantar cada mes el síndrome premenstrual. En cambio los hombres, no necesitan nada, más que cortarse el pelo una vez al mes. Yo preferiría ser hombre; ser mujer apesta”

Al escucharla me reí, sin embargo me quedé pensando que aunque eso es lo que nos han enseñado, eso no es ser mujer.

Luego recordé que mientras estaba embarazada me dijeron: “Ojalá sea niño, las niñas sufren mucho, aún es un mundo de hombres”. Aunque una verdad incómoda, la desigualdad sigue siendo un obstáculo presente en el día a día de niñas y mujeres, el evitar hablar de ella no implica que su brecha disminuya. Algunos de los múltiples obstáculos a los que nos enfrentamos, son expuestos en este video de la federación internacional de los derechos humanos, una visión de la punta del iceberg.

“Mujeres y niñas contribuyen día a día en muchas formas, visibles e invisibles”

Un día en la vida de las mujeres. Foto-ensayo. ONU 

Siempre he estado orgullosa de la mujer que soy. Pienso que nos compete modificar pensamientos que nos llevan a actuar de manera discriminatoria hacia nosotras mismas y nuestras iguales. Pienso que debemos poner más atención en lo que enseñamos a nuestros hijos e hijas. Necesitamos hacerle saber a nuestra hija que es dueña de su cuerpo, de su mente y de su felicidad, que está bien saber lo que quiere y que es capaz de luchar por ello y lograrlo, que es la protagonista de su vida y que ha nacido completa, no sólo la mitad de ella, que su valor no depende de la talla de ropa y que puede usar la que le parezca cómoda, que no siempre tiene que estar feliz o sonreír, que el futbol o el karate también son deportes para ella, que puede ser ingeniera en lugar de bailarina, que puede jugar con coches y herramientas y también cambiar una llanta, que ella es capaz y autónoma, que no necesita ser rescatada. En lugar de hacerla creer que es una “damisela en peligro” que necesita ser salvada de sus propias decisiones.

Necesitamos que nuestro hijo crezca respetando a todos por igual, incluidas las mujeres, que sepa escuchar y respetar un no, que reconozca sus sentimientos y que se sienta libre de expresarlos, que llorar también es de “hombres” así como reír o gritar, que sepa que su valor no depende de comprar el auto último modelo ni de la cantidad de dinero que gana en la empresa, que puede vestirse del color que desee incluido el rosa, que la sensibilidad no es exclusiva de un género u orientación sexual sino innata a la raza humana, que practicar ballet o pintura también amerita esfuerzo, disciplina y constancia igual que cualquier otro deporte o arte, que está bien si prefiere la cocina sobre la física. En vez de decirle desde pequeño que el no de las mujeres es  y viceversa, que usualmente no sabemos lo que queremos y es su tarea mostrárnoslo y su deber “liberarnos” constantemente de nuestras emociones.

Necesitamos mostrarles a nuestras hijas e hijos que no es una lucha de poderes, que hombres y mujeres compartimos responsabilidades, que mamá tiene autoridad igual que papá y que papá muestra afecto igual que mamá. Que la competitividad no está en los cromosomas ni en la estructura del pensamiento ni en la anatomía y fisiología del cuerpo, la competitividad debe darse en el desarrollo de habilidades, en la motivación de capacidades, en el reconocimiento del esfuerzo, en el respeto de la individualidad y de ahí la importancia de que las oportunidades sean equitativas.

No es cuestión de comparación porque la diferencia de nuestra naturaleza es innegable, pero esto nada tiene que ver con nuestro valor nato como seres humanos, con nuestro potencial, con nuestros derechos; es eso en lo que somos iguales y así debemos ser reconocidos –hombres y mujeres. La ONU a razón de este día publicó La huella de las mujeres en la historia con cifras que nos sitúan en la realidad de muchas mujeres y niñas en el mundo actualmente.

Soy médico, por muchos años mi prioridad fue laboral. Es ahora que soy mamá y he dedicado un año a mi familia que me he enfrentado a una serie de preguntas: ¿Cómo dejar lo que tanto me ha costado? ¿Perderé reconocimiento profesional en este tiempo? ¿Cómo dejar de ser competitiva? ¿Cómo no lograr un equilibrio entre la vida laboral y familiar de acuerdo a lo planeado? ¿Cómo reincorporarme después de “sólo” haber sido mamá un año? ¿Qué decir durante la entrevista de trabajo en este año de “no hacer nada”?

Esto me ha hecho reflexionar sobre lo importante que es el tiempo de maternidad no sólo para la mamá y el bebé, sino para la sociedad. Cada derecho de las mujeres que es respetado, valorado y llevado a cabo es un avance para la sociedad y por lo tanto beneficio para todos.

Antes de ser mamá yo también pensaba que hay sacrificios por hacer lo que uno quiere, una cosa por otra. Ahora pienso que vivir una decisión como sacrificio solo puede tener dos orígenes: en tono personal, se trata de una elección no deseada o en tono social, se trata de una situación injusta. Pienso que toda mujer debe de poder decidir libremente qué es lo que quiere hacer en su vida. Pienso que aquella mujer que desee ser madre y continuar su vida laboral, tiene el derecho de lograr ambas cosas y además se le debe proporcionar el ambiente y espacio propicios para ello; no como un signo de debilidad ni de predilección sino como un síntoma de una sociedad consciente de la importancia de este momento y las necesidades que a el atañen.

Por supuesto que no puedo pensar en otro ejemplo que la lactancia. Aquellos países que han extendido –como parte de sus políticas– el tiempo de incapacidad de la madre posterior al nacimiento del bebé y han tomado en cuenta al padre, dándole también tiempo de incapacidad, han visto incrementando el porcentaje de lactancia materna exitosa en su población. Se conoce también que otro factor importante para la continuación de la lactancia materna una vez que la madre ha regresado al trabajo es un lugar adecuado y la disponibilidad de tiempo para la extracción de leche. Regresar a la vida laboral es un tema que surge frecuentemente en las conversaciones y genera mucha ansiedad, angustia, miedo, incertidumbre y preocupación en las madres; es por eso crucial allanar este terreno, para facilitar la transición. Además quién puede enfocar su concentración para desempañar una adecuada labor, cuando la mente se encuentra en otro lado –en el que genéticamente tiene prioridad– en su bebé.

Hemos dejado de lado nuestra naturaleza y hemos olvidado lo que como seres humanos, necesitamos.

Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer

Domingo Faustino Sarmiento