Pero querías ser mamá ¿no?

Por alguna razón he escuchado durante el último mes sobre cómo cambia la vida de una mujer con el nacimiento de un bebé. Probablemente siempre se ha dicho y ahora he puesto más atención. Estos comentarios me han hecho reflexionar.

Se dice entonces que ser mamá cambia la vida –aparentemente en un aspecto negativo, aunque es maravilloso y eso parece compensarlo. Se dice que ser mamá es olvidarte de ti, es dejarte por alguien más –una personita altamente demandante que no espera otra cosa más que tu atención al 100% las 24 horas de los 365 días del año. Que dejas de ser dueña de tu tiempo, dejas de pasar tiempo con tu pareja, dejas de hacer lo que te gusta, dejas de ser dueña de tu vida.

Se compadece a la mamá que deja de trabajar después de haber estudiado tanto o de haberle costado tanto trabajo pero se compadece de la misma manera a aquella mamá que regresa al trabajo y no tiene el tiempo deseado para estar con su bebé. El caso es que no importa la situación en la que se encuentre, ni las decisiones tomadas, parece ser que la maternidad es un sacrificio, siempre. El típico “no se puede tener todo” o “unas cosas por otras”.

 

Claro que en esta vida hay que priorizar. Pero hay que priorizar siempre, se tenga o no un bebé. Nuestras prioridades van de acuerdo a nuestros intereses, nuestros gustos, nuestros deseos. Ser mamá me ha hecho conocer otros aspectos de mi; me he permitido fluir y me he sorprendido. Me he dado cuenta que me encuentro en la etapa más creativa, más activa, más motivada, más interesada de nuevas experiencias,más flexible, más emprendedora, con la mayor valentía de salir de mi zona de confort, de toda mi vida. No digo que una mujer necesite ser mamá para lograrlo, porque no lo creo así; lo que digo es que la maternidad es una etapa especialmente sensible que podemos aprovechar a nuestro favor. Es el momento perfecto para ser más dueñas de nuestra vida que nunca, para lucir todas las cualidades escondidas o descubiertas gracias a ella, para brillar con nuestro máximo esplendor y enseñarles a nuestros hijos que esa es la mejor forma de caminar por la vida.

Por supuesto que estoy cansada, que es pesado, que es difícil y que cuando siento no poder más, tengo que seguir dando. Pero nada en esta vida que sea espléndido, nada en esta vida en lo que quieras dar lo mejor de ti y que te haga vibrar, nada por lo que te apasiones y te motive a ser la mejor versión de ti misma, nada, es ni fácil ni se logra sin esfuerzo ni sin cansancio.

Me parece que es momento de tomar las decisiones por lo que queremos, por lo que nos mueve y nos hace felices y responsabilizarnos de ellas. Dejar de compadecernos, dejar de sufrir porque “así nos tocó”. Necesitamos dejar de vivir nuestras decisiones como un constante sacrificio porque nadie –menos nuestros hijos– se merece cargar con el peso de haber sido el motivo de nuestra renuncia o frustración.

 

Asi que si, sí quería ser mamá. No, no ha sido un sacrificio y tampoco es fácil todo el tiempo. Pero puedo decir que al ser más paciente y tolerante, mi hija me parece menos demandante; supongo que el problema en cuanto a lo “demandante” de los niños, lo tenemos los adultos. Y en vez de esperar a que crezca para “retomar nuestra vida”, hemos decidido vivirla con ella e incluirla para que sea un miembro activo de la familia –uno con voz–. Sin duda es algo que hace nuestras experiencias más enriquecedoras, más divertidas y más gratificantes; nos mantiene en movimiento y aprendizaje constante. Sí ha sido un cambio y sí amerita estar dispuesto a readaptarse; pero también nos adaptamos al trabajo nuevo donde no conocemos a nadie el primer día o al jefe que no es lo que esperábamos, o al nuevo horario de la clase de spinning o al cambio de casa o departamento o de ciudad o a la desvelada de la fiesta por la boda de la mejor amiga. Vivimos en constante cambio, la diferencia radica en cómo lo vivimos.

 

Si eres una mamá, el mejor ejemplo para tu hij@ es mostrarle que cada quién somos dueñ@s de nuestras decisiones. Y basarlas en lo que verdaderamente queremos, es el camino al éxito. Al ver y preocuparnos por nosotras, también les enseñamos lo importante que es poner atención en las propias necesidades. Así que se vale estar cansada y decirlo, ellos no sólo aprenden de nuestras sonrisas y bienestar.

Si eres una persona cercana a una mamá, no necesita que le digas: “así lo quisiste”, “te aguantas”, “querías ser mamá, ¿no?”, “yo por eso no tengo hijos”, “los hijos son sacrificio”, “primero siempre su bienestar”, “lo que necesitas son unas vacaciones lejos”. Mejor prepárale un café y juega con los niños para que lo pueda tomar caliente o limpia una parte de la casa o lava los trastes o hazte cargo por un momento mientras ella toma un baño sin prisas o una caminata relajada; seguro cualquiera de estas acciones serán de mucha ayuda.

Elige ser feliz

elixirdemama@gmail.com

Mamá, esposa y médico. Sensible, realista y apasionada. Una idea que surgió hace un año, que ha revolucionado mi vida y sacudido mi corazón, hoy empieza a tomar forma con este primer paso

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